miércoles, marzo 29, 2006

Cumbre en el Aconcagua: las enseñanzas de una sabia montaña...


La inquietud de 14 jóvenes argentinos de vivir unas vacaciones diferentes, los llevó a intentar – sostenidos por su espíritu aventurero y luego de un año de minuciosos preparativos- el desafío de alcanzar los 6962 mts. del techo de América: “el centinela de piedra”[1]. Lo lograron, el 11 de enero pasado pero en el camino, esa sabia montaña les mostró que había muchas otras cumbres…

La experiencia vivida “desde Martín”[2]

“Todo comenzó en marzo del 2005 cuando mis amigos Santi Luque y su hermano Carlos me invitaron a ser “parte de su familia” en un ascenso al Aconcagua que se concretaría en el verano. Ellos desde pequeños realizan con su padre, Carlos Luque, -y siempre con amigos- diversas experiencias de vida en la naturaleza. Se trata de un grupo familiar al que aprecio profundamente por su modo simple y rico de valorar y compartir cada momento vivido; ellos planeaban esta vez, un segundo intento de alcanzar la Cumbre del Aconcagua en una expedición que se denominaría: PER ASPERA AD ASTRA[3], en la cual participarían:
Carly y Santi Luque Colombres ( 31 y 25 años respectivamente), otros tres hermanos - de un total de doce -: La Tata (24), Tomy (17) y Pedrenka (15) ; su papá: Carloncho (59). Tres primos: Fran (22), El Abuelo (21) y Andrés (19). Y cinco amigos invitados: Tomy Zarazaga (25), Jere Ruiz Luque (21), La Pancha Herrera (19), James Burns (20) y “yo” Martín Buttigliengo apodado“Bumbula” (25). En total: diez Cordobeses (2 actaulmente viviendo en Buenos Aires), tres Tucumanos y un Salteño.

El objetivo buscado era vivir una experiencia grupal fuerte, ante la adversidad de la montaña…según Carloncho “Compartir una experiencia en la montaña, nos hace sufrir, crecer y nos templa el carácter…”

Acepté la invitación muy entusiasmado y a partir de ese momento comencé a colaborar en la planificación y la organización de la Expedición.

El primer inconveniente me lo planteó Fabio, mi médico endocrinólogo; desde hace dos años tengo un diagnóstico de Diabetes tipo 1 que gracias a un tratamiento adecuado se está revirtiendo pero mis estudios debían dar índices óptimos para poder realizar ese ascenso de casi 7000 msnm[4]. Afortunadamente todos los resultados dieron bien…y pude ser parte de esta increíble experiencia.

“La majestuosidad y adversidad de la montaña me enseñó a disfrutar de las cosas simples en la vida…”


Los preparativos

Durante los diez meses previos, realizamos un entrenamiento físico diario, progresivo y muy intenso, que incluyó ascensos previos a montañas de menor altura como el Cerro Champaquí en Córdoba de 2700 msnm, el cual no bastó como entrenamiento, ya que en la entrada al parque Aconcagua (Laguna de Horcones) estaríamos a 2800 msnm… “Este proyecto se convirtió en una razón más que me dio fuerzas para aprovechar mis horarios entre horas de trabajo, en entrenarme y mantenerme sano”.

Debíamos planificar también detalladamente la logística, la indumentaria y el equipo de alta montaña, había que llevar en cada etapa del ascenso, todos los elementos necesarios que pudiésemos cargar a nuestras espaldas mientras caminábamos. La temperatura podía oscilar entre 30 y -30º C. Para evitar el congelamiento de las extremidades es aconsejable ingerir unos 8 litros de agua diarios y también favorecer la aclimatación del cuerpo y evitar edemas pulmonares y cerebrales.

Era también muy importante prepararnos emocional y psicológicamente para la fuerte y riesgosa experiencia. Las etapas de caminatas serían muy duras, cada una tenía su dificultad pero todas nos exigirían mucho esfuerzo y paciencia. Durante las caminatas seguiríamos el constante paso del experimentado Carloncho y Carly iba cerrando el grupo. En cambio para acampar nos dividiríamos en carpas de a tres, al igual que para cocinar, aunque después comeríamos todos juntos.

Debíamos ingerir los nutrientes necesarios para estar en óptimas condiciones de rendimiento físico durante los quince días calculados para el trayecto de ida y vuelta…y acarrearlos montaña arriba…Ya que mi dieta no me permite la ingestión de azúcar ni harina de trigo pero tengo fama de “buen gourmet”, el grupo me asignó la tarea de planificar el menú de modo de poder asimilar mis requerimientos alimenticios a los del resto del grupo. Con la colaboración de mi cuñado Hernán Di Tella (Master en Tecnología de los alimentos) desarrollamos un menú nutritivo, transportable, variado, económico saludable y…muy apetitoso, lo que fue elogiado durante la expedición.

Preparando todo el equipaje, percibo diferencias con otros viajes…en esta expedición todo tiene que ser lo justo y necesario, ni de más ni de menos.

Durante los siguientes nueve días, la montaña nos fue poniendo pruebas y obstáculos, ella pedía de nosotros nuestro mejor esfuerzo y una entrega y superación constantes, “fui testigo de cómo es posible que un simple grupo de personas se convierta en un equipo a partir de las exigencias y situaciones límite que plantea día a día la montaña…”


Y por fin “entramos a la cancha”…

Desde mi rutina diaria, durante los meses y días anteriores a la partida me aguantaba las ganas de estar con todo listo al pie de la montaña, caminando por las laderas del majestuoso y tan deseado Aconcagua. El 2 de enero a la madrugada…, después de festejar en familia el comienzo del 2006; en medio de abrazos, recomendaciones y mucha emoción…nos despedimos.
Por fin “entramos a la cancha”[5]…Durante los siguientes doce días, esa enorme montaña –además de regalarnos satisfacciones difíciles de expresar en palabras- nos iría poniendo a cada paso pruebas y obstáculos, pidiendo de nosotros nuestro mejor esfuerzo y una entrega y superación constantes. Deberíamos poder prescindir de muchos de nuestros arraigados hábitos y comodidades cotidianas aferrándonos sólo a lo necesario para vivir y subsistir en función del grupo, en un contacto muy estrecho con uno mismo y con la naturaleza…estaríamos “encerrados en una libertad inmensa” durante doce días.

Atardecer desde Plaza de Mulas 4300 msnm

Fui testigo de cómo es posible que un simple grupo de personas se convierta en un equipo a partir de las exigencias y situaciones límite que plantea “el día a día” de la montaña…

DIARIO DE VIAJE[6]:

Día 1 (Lunes 2): El viaje de ida. Córdoba – Uspallata (2800 msnm).

El punto de encuentro fue la ciudad de Mendoza, en la Subsecretaria de Turismo para hacer los permisos de entrada al Parque, luego nos dirigimos al regimiento “Compañía de cazadores de Alta Montaña 8, Tte. 1ro Ibáñez” en Puente del Inca – Uspallata-; allí Peter, oriundo de Tartagal nos dio las botas plásticas y con Carly se encargaron de coordinar nuestra salida para el día siguiente.

Mientras preparábamos los paquetes que portearían las mulas hasta Plaza de Mulas (4300 msnm) con Andrés y James, “los cocineros” nos prepararon una sabrosa paella con mariscos enlatados y pollo disecado , envasado al vacío ¡un lujo disfrutar esos manjares a 2800 metros de altura!

Al día siguiente, nos esperaba una caminata bastante exigente; nuestros cuerpos se iban aclimatando muy lentamente, sentíamos que no teníamos muchas fuerzas para movernos y necesitábamos hacer todo despacio, lo que generó algunas demoras en el arranque de la expedición.


Día 2 (Martes 3): La primera prueba. Quebrada de Horcones (2800 msnm) Confluencia (3000 msnm).

Llevamos las provisiones necesarias para el resto del viaje, al mulero que las transportaría hasta Plaza de Mulas, el hombre no quería cargar nuestra mercadería por que no estaba en bolsones; tampoco nos quería prestar los bolsones. Después de un largo rato volvió de consultar y dijo que cargaría. Pesamos todo y nos dio 360 kg.: Justo para 6 mulas que era lo previsto.

Al mediodía estábamos en las puertas del fantástico Parque provincial Aconcauga - Laguna de Horcones -, atrás nuestro , enorme, la majestuosa montaña, con sus laderas blancas cubiertas de hielo y se olía ese mmmhh, no se cómo llamarlo; una mezcla de ansias con temores pero con muchas ganas de experimentar y ver qué nos tenía guardado esta fabulosa experiencia. Yo lo comparo con entrar a la cancha cuando jugaba al rugby, mi cuerpo se estremecía de nervios y miedos pero a su vez tenía mucha ganas de entrar e intentar amansar esos miedos viviendo al fin la “temida “ experiencia.

Durante el almuerzo, antes de empezar a caminar Carly, aprovechando ese momento especial, nos dijo “sin el esfuerzo de todos, cada uno por su cuenta, no va a llegar a nada…” sus palabras, nos tocaron hondo; lograron que comenzáramos a funcionar -de a poco- como un equipo.
La primera hora de caminata fue muy dura, mi cuerpo no estaba al 100%, me sentía un poco descompensado por la altura y dolorida la espalda por el peso de la mochila… la espalda nunca mejoró, así que opté por amigarme con el dolor y seguir adelante. Comenzaba una de las “pruebas” del sinfín que tendríamos que ir superando al avanzar. Es el desafío que te plantea la montaña, ella pretende que le des tu mejor esfuerzo. Te pide a cada paso dado que decidas si te adaptás a la incomodidad de la mochila pesada, a las piernas que están cansadas, al cuerpo que por momentos está descompensado, al hambre, al frío, al sol. Pero a pesar de todo eso comenzás a disfrutar del espléndido lugar en el que estás inmerso. Si te quejás, las incomodidades se hacen cada vez mayores y casi te convencen de pegar la vuelta y abandonar el sueño de animarte a experimentar esta aventura y descubrir lo que esconde cada misterioso rinconcito de esa fabulosa montaña.

Después de unas intensas 3 horas de caminata llegamos a Confluencia a las 18.05 hs. hacía muy buen tiempo, es un paraje muy especial, donde te encontrás con la casita del guarda parque, algunas carpas grandes de las empresas que llevan a turistas con un poco más de comodidades que las de nuestro grupo y multitud de carpitas de montaña como las nuestras. Todo esto está inmerso en una quebrada que a medida que se asciende, se va haciendo más árida e inhóspita. Se ve un cerro al que llaman Almacén, que termina en forma de triángulo, me recuerda el edificio triangular que hay en una de las esquinas de de Maniatan pero hecho de variadas capas de tierra como el cerro de los 7 colores en Purmamarca, Jujuy.

Allí, mientras algunos se encargaron de armar el campamento otros fuimos preparando un sabroso Chop Suey, que incluía hasta verduras frescas.

Cuando comenzamos a comer ya había anochecido y ese frío seco de Mendoza llegaba a penetrarnos hasta los huesos pero la comida calentita y la charla en grupo sobre lo que se hizo durante el día nos lo hizo olvidar. Carloncho dijo algo muy lindo en esta reflexión y fue algo que nos marcó durante todo el viaje…:”La montaña es un curso acelerado de sufrimiento que nos enseña a enfrentar de mejor manera las adversidades de la vida, cosa que en ningún lugar te enseñan…”

Día 3 (Miércoles 04): Confluencia (3000 msnm) - Plaza de Mulas (4300 msnm).

Empezamos el día desayunando tempranito con Carly, (líder del equipo). El campamento aún dormía y el sol todavía no asomaba, estaba muy frío. Preparamos un cafecito y un “desayuno puloi[7]” Yo todavía no sabía cuánto podía comer para no pasarme en el consumo de glucosa, además, no sabía frente a qué esfuerzo físico nos enfrentaríamos…al pasar las horas de caminata e ir midiendo mi glucosa, comprobaba que mi cuerpo consumía mucha…buena señal…esto me tranquilizó e hizo que me despreocupara de cuánto y qué comía ( “lujo “ que no puedo darme “acá abajo”: en mi vida normal de todos los días)…Este hallazgo me hizo olvidar de los dolores y el esfuerzo de la caminata y pude disfrutar del hermosísimo lugar donde me encontraba. Poco a poco la quebrada se iba tornando cada vez más árida, luego entramos a Playa ancha (3400 msnm) - lugar que nos habían advertido que era psicológicamente desgastante - ya que por varias horas se ve el mismo paisaje- los dolores del cuerpo parecía que se multiplicaban en vez aliviarse, eso predispone al malhumor.

Yo estaba tan contento por los resultados de mis mediciones de glucemia, que disfrutaba de cada paso que daba, hasta me sorprendía ver que algunas flores habían tenido el coraje de crecer en tan inhóspito paisaje y aproveché mi buena onda de ese momento, para ayudar a motivar al resto del grupo…eso tiene de bueno un Equipo, que cuando uno afloja el otro empuja y al revés…Al llegar al pie de La Cuesta Brava (3900 msnm), faltaba una hora y media para llegar a Plaza de Mulas y estaba comenzando a anochecer. Decidimos que un grupo pequeño se adelante para que vaya armando el campamento; fuimos El Tata, Tomy, James y yo…no sé si fue la mejor idea pues al caminar apurados sentía que el corazón se me salía del cuerpo de lo fuerte que estaba latiendo…por fin llegamos con un inmenso cansancio, hambre y sed pero felices de haber culminado una larguísima caminata de 11 horas.

Comenzamos los preparativos para asistir al resto del grupo que vendría extenuado. Los chicos que nos recibieron el equipaje que habían traído las mulas nos tenían una noticia que nos tiró el ánimo al suelo…Una de las mulas que traía gran parte de la comida ( que yo venía planificando durante seis meses ) y de los utensilios -todos indispensables para nuestro grupo en los próximos días -…se había desbarrancado destruyendo gran parte de su carga; lo que quedaba de mi minuciosa preparación de todas las raciones de comida para cada grupo y para cada día, era una mezcla de latas abolladas, envases con sus contenidos mezclados adentro de una bolsa depositada por los muleros en una de las carpas ; ver eso me hizo sentir totalmente derrumbado y completamente bloqueado; entraba y salía de la carpa sin saber qué hacer …No podía creer lo que veía ¿Cómo seguir? . Todo el grupo estaba muy tenso, hubo cruces fuertes de palabras, hacía mucho frío, repartí algunos chocolates, cada uno se encerró en sí mismo, y yo también…eso era un caos. Entonces fue cuando El Tata – al que yo le reclamaba su falta de compromiso en las tareas de equipo- emergió de repente y se puso el Equipo al hombro: se convirtió en el Líder que hizo que entre todos levantáramos el campamento, hiciéramos la comida acomodáramos lo esencial y nos fuéramos a dormir pues “mañana sería otro día”…


Día 4 (Jueves 5): Descanso en Plaza de mulas (4300 msnm)

Ni bien me levanté me di una lavada en el río para terminar de alistarme. Ese día me tocaría la tediosa tarea de revisar las destruidas bolsas de comida y reorganizar el menú. Por suerte el grupo estaba predispuesto para ayudar y la tarea se hizo mucho más liviana y amena, aunque nadie tomaba la posta…había que “darle para adelante”y coordinar todo a pesar de no estar seguro de haber optado por la mejor solución.

Sentía como un peso el hecho de ser el responsable de la comida, todos me preguntaban a cada rato qué se podía usar y qué no y no consultaban las planillas que yo les había preparado detalladamente en los meses previos, para evitar confusiones; felizmente, en dos o tres días más, aprendieron a usarlas y “fueron aliviando mi mochila” además, cada cocinero puso su toque personal y salieron comidas más ricas de las que yo había imaginado.

Ese día, luego de organizar el campamento, fuimos caminando hacia un hotel que se encontraba a unos 20 min. a pie; cruzamos unos hielos enormes que por erosión del sol y del viento adquieren forma de penitentes es dificultoso atravesarlos a pie y es una sorpresa ver aparecer el hotel, en medio de ese desierto de hielo, surgiendo como un oasis dentro de toda esa aridez.

Extrañaba darme un buen baño, cuidaba extremadamente la higiene de mis pies, de los cuales dependía 100% y de mis manos, para que no se infecten heridas; las de las manos con el frío y el clima seco, molestaban bastante. Todo esto me hacía tomar conciencia de lo inhóspito y duro del lugar y de que si no me cuidaba, la montaña no me lo perdonaría.

Al regresar del hotel, tuvimos una reunión donde cada uno contó los resultados de su control médico y cómo se sentía física y psicológicamente. Algunos necesitaban aclimatar unos días más en plaza de Mulas y otros descansar antes de seguir para estar en condiciones de seguir subiendo. Yo, gracias al duro entrenamiento que me sugirió mi médico, durante el año que pasó, estaba en excelentes condiciones físicas; listo para seguir adelante. Allí me di cuenta que paradójicamente “mi intrusa compañera actual: la diabetes” me está enseñando algunas cosas muy útiles para mi salud…


Día 5 (Viernes 6): La primera cumbre. Cerro Bonete (5100 msnm)

Nos deleitamos con un “desayuno americano” con huevos, queso y jamón crudo de Colonia Caroya, uno de los lujos que otros aficionados a la montaña calificaron como “algo desatinado”. Para nosotros significó no sólo un delicioso y variado menú sino una fuente de alimentos frescos y nutritivos que nos posibilitaron acceder fuertes y sanos a la cumbre.

Mientras el resto del grupo se recuperaba en Plaza de Mulas, con seis chicos decidimos subir a la cumbre del Cerro Bonete para ver cómo se comportaba nuestro organismo a 5100 msnm. Para la mayoría -incluido yo- era la cumbre más alta que habían subido en toda su vida. Desde abajo, nuestros compañeros nos apoyaban comunicándose por handy y nos observaban con el catalejos.

Al comenzar el ascenso dudaba pensando si no me hubiera convenido reservar mi energía para el porteo[8] del día siguiente a Nido de Cóndores…pero había algo que me hizo seguir…ese día llevaba conmigo las fotos que dejaría en la cumbre del Aconcagua ( si lo lograba) en dos o tres días más: eran las fotos de mi tío Atilio y de mi abuelo Butti, dos grandes y queridos hombres de mi familia fallecidos recientemente. Creo que era de ellos la fuerza que me hacía seguir caminando…A la mañana mientras desayunábamos, Carloncho mirando las fotos y desde su profunda sabiduría me dijo: “hoy, en la cumbre del cerro Bonete, vas a estar 5000 m más cerca de tu tío y de tu abuelo”, me dejó sin palabras, pero lo comprendí más plenamente cuando caminaba subiendo concentrado hacia la cumbre de ese cerro que al llegar, nos regaló una vista sorprendente

La bajada fue muy divertida, era como bajar esquiando sobre piedra suelta. Al pie del cerro, estaba esperando el resto del grupo que nos recibió cálida y efusivamente.
…..Después tuvimos una reunión de grupo en la que Javi (37) [9]se quebró en llanto muy agradecido de la fuerza y todo lo valioso que encontró en el grupo, sacó un pedazo de ananá que nos había pedido en la cumbre del Cerro Bonete y lo usó de ejemplo para que viéramos cómo el ananá, luego del ascenso al cerro Bonete no había cambiado pero nosotros sí…

Las palabras de Javi, conmovieron profundamente a Carlos padre, quien dijo entre otras cosas que sentía que con este nuevo “grupo de hijos” que se había formado durante la expedición , sentía cumplida su misión en la tierra…cerró su charla diciendo : “ lo importante no es qué mundo les dejo a mis hijos, sino qué hijos le heredo al mundo”

Con Santi, terminamos de organizar el porteo para el día siguiente y los chicos se pidieron prestada una guitarra al hotel; fue único, peña en Plaza de Mulas: Cantaron Jere, Andrés (la revelación) y Jaime.

Día 6 (Sábado 7 ): Porteo a Nido de Cóndores (5400 msnm)

Nos levantamos a las 7.30 hs. A preparar las mochilas, cargar agua etc. muy buena coordinación de grupo. Fue día duro para mí, mucho dolor de cabeza y cansancio físico así que lo dejo contar a Carly:

Estaba muy frío hasta que salió el sol. Desayuno puloi no tan bien aceptado pero que se terminó a la fuerza. La Pancha se despertó con muchísimo dolor de cabeza por lo que de movida no iba a salir, a Bumbula, también le dolía la cabeza. El resto del equipo bien. Salimos para Nido de Cóndores a las 10.30 hs.

Muy buen ritmo. La subida muy exigente llegamos a Piedras Conway en casi una hora, muy concentrados y con buen ritmo llegamos a Plaza Canadá una hora después, paramos 15 minutos. Jere y Andrés se bajaron porque tenían mucho dolor de cabeza, distribuimos sus cargas entre todos y seguimos.

Papá eligió muy bien la ruta y estábamos a la altura de Cambio de Pendiente muy rápido y desde ahí se mandó derecho a Nido, la ruta es un poco más exigida pero después de un par de Glaciares ya estábamos en Nido de cóndores a las 15.15 hs ! No fuimos cruzando el gran acarreo como el año anterior.

Nido de cóndores: espectacular!! Es como un altar a los dioses. Había mucho viento pero estar ahí es emocionante.

El grupo muy pero muy bien, algunos dolores de cabeza inevitables, Dejamos las provisiones en la bolsa “caco” marinera del ejercito y en una bolsa de las de basura también caco en el hotel.
Les pusimos el rotulo del nombre del líder y la fecha como nos habían pedido los guarda parques, de esa forma ellos tienen un control de los porteos y pueden limpiar los que han sido dejados por mas de 3 semanas.

Almorzamos lo preparado en los tuppers y con un rumor de tormenta y mucha nube, nos bajamos. La bajada del grupo fue libre, en Plaza de Mulas, los chicos nos esperaban los chicos con una picada “mal”. Cocinando rezamos el rosario con varios “cadáveres” en sus respectivas carpas por el cansancio de la jornada. Hubo relax, comiendo cebolla a la Bonet, una receta nacida el día anterior (es cebolla cruda con mayonesa, savora y se le puede agregar pimiento).

Comimos otro guisazo con carne y pollo preparado por Jere, La Pancha y Javier.

A la noche nos volvimos a juntar para hacer en la reunión, la evaluación de equipo, estábamos cansados pero muy contentos. Para esta reunión cada uno debía contar su estado físico y anímico y agregar 2 cosas positivas del día.

Lo Positivo:
La respuesta del grupo a la organización
El ritmo y la coordinación en la trepada
La presencia de Pedrenka en Nido de cóndores
El apoyo entre todos
Las pilas de Hernan sacando fotos y levantando el ánimo del equipo en la trepada
Se resolvió que el domingo nos quedaríamos de descanso para atacar nuevamente Nido de cóndores el Lunes “con pilas recargadas”.


Día 7 (domingo 8): Último descanso en Plaza de Mulas (4300 msnm)

Mientras mateábamos en la carpa grande, Carloncho invitó a Ricardo, un hombre que con sus 145 kilos llegó a Plaza de mulas . Lo habíamos visto primero en Confluencia y después lo cruzamos en la caminata a Plaza de mulas. Un ejemplo de fortaleza. Está en un proyecto junto con el Gobierno de Mendoza para el pueblo de Uspallata. Lo que quiere es ver la realidad y el mundo que se mueve alrededor del Aconcagua y poder ofrecer actividades interesantes a la juventud de Uspallata que está muy chata y sin motivaciones, su objetivo es “mostrarles que hay alternativas más sanas que la joda y el chupi… se pueden disfrutar y aprender muchas cosas en la montaña que -como dice Ricardo- es el lugar que muestra lo bueno y lo malo de la gente”


Día 8 ( lunes 9): Subida a Nido de Cóndores (5400 msnm).

Salimos tipo 12,30 de Plaza de mulas después de desarmar el campamento, dejando únicamente la carpa almacén, la cual nos aprovisionaría a nuestro regreso del ataque a la cumbre y serviría para los que por una u otra razón no llegasen a Nido de Cóndores.

La primera parte de la caminata fue muy dura, ya que teníamos que cruzar un glaciar con una pendiente muy pronunciada. A los 15 minutos me sentía extenuado, mi índice glucémico no estaba bajo pero sentía que me faltaba energía, por suerte la recuperé con un rico y calentito té que llevaba en el termo y una barrita de cereal. Ahí recordé que en el apuro de la salida no me había hidratado suficientemente en el desayuno y como dicen allá arriba…la altura no perdona.

Un rato antes de llegar a Plaza Canadá, cuando ya íbamos hora y media de caminata, me doy vuelta y lo veo a Tomy que venía fusilado y luchando mucho para seguir adelante. Su cara muy cubierta para soportar el gélido viento de aquel mediodía no dejaba ver su expresión de sufrimiento, pero su paso lento y desganado era un fiel indicador de que por algún motivo la adversidad de la montaña le estaba ganando.

La noche anterior, durante la reflexión, él había confesado que le costaba seguir superando los obstáculos que le proponía día a día la montaña: incomodidades, frío, cansancio, consideraba que los riesgos eran muchos, etc; y que ya no lo estaba disfrutando.

Decidió volverse; esta fue la primer baja que sufrimos en “la familia” (como nos autodenominábamos cuando nos preguntaban quiénes éramos) y la sentimos muy fuerte, sobre todo por que nos sorprendió que fuera él el que se rindiera frentes a las dificultades.
A la media hora, pasando Plaza Canadá, uno de mis compañeros de carpa: la Pancha, también decidió bajar. Pero en este caso el grupo lo tomó diferente por que sabíamos que para él haber llegado hasta este punto era algo que nunca se hubiera imaginado, había alcanzado y superado sus expectativas.

La bajada del Jere, fue similar a la de la Pancha, fue al día siguiente en Nido de Cóndores, donde tomó la decisión.; su primer registro de la tensión había dado un poco alto, y a eso, no hay que restarle importancia. Me quedé con ganas de insistirle un poco más y motivarlo a que siga, ya que era uno de los que más se había comprometido en la preparación de la expedición y lo había visto muy sólido en la cumbre del Bonete. Sus resistencia en las piernas y su aire eran envidiables, lo único que por momentos no manejaba bien era el tema de dosificar su energía, eso lo hacía llegar exhausto y a situaciones muy límites.

Era una baja dura de asumir pero admiramos su capacidad de, una vez tomada la decisión, asumirla y disfrutar de la opción elegida. Una vez me lo dijo mi vieja: siempre hay muchas alternativas cuando uno toma una decisión y la verdaderamente correcta es la mejor para uno, ésa que uno toma convencido y no está constantemente repensándola.

La segunda etapa fue durísima, después del cambio de la inclinación de la pendiente, el equipo estaba agotado, caminábamos unos minutos y queríamos descansar. En un par de horas más llegamos a Nido de cóndores. Con Santi llegamos primero, bastante cansados pero mucho mejor que dos días atrás cuando habíamos porteado la comida a este mismo campamento. Yo había ido a reconocer terreno para elegir un lugar apropiado en donde pudiéramos armar todas las carpas juntas y estar cerca de algún glaciar para aprovisionarnos de agua quedando al reparo del viento. Cuando volví del reconocimiento, más cansado que al haber llegado ya que cuesta moverse a los 5400 metros de altura, el grupo se había desintegrado y cada uno había comenzado a armar su carpa en un lugar separado del resto sin ningún tipo de previsión.

Esta era una actitud frecuente en el grupo a la que me costó adaptarme: la de protegerse primero uno y luego ver qué necesita el grupo. Veo que eso sucede a menudo en la montaña, que plantea constantemente situaciones extremas y allí aflora lo mejor y lo peor de cada uno… El tema también está en no tomar decisiones apresuradas que suelen traer complicaciones y te hacen laburar el doble. Me parece mejor tener la frialdad y fortaleza para tomarse unos minutos y planificar lo que se va hacer.

Armamos nuestra carpa y después de ponerle muchas piedras a los faldones para que no la vuele el fuertísimo y helado viento que soplaba afuera, entramos apretujados a la carpita con Pedrenka , Santi y Javi; comimos algo y nos hidratamos con unos mates hechos con “la famosa mezcla de yerba del Paraje de los gauchos”: un paquete de 700 g de deliciosa yerba que traje en mi mochila desde Plaza de Mulas y me enseñó a priorizar qué es lo realmente importante cargar en la mochila que uno tiene que llevar todos los días…lo menos posible…Esa merienda me levantó el ánimo y sentí que me volvía el alma al cuerpo, estaba disfrutando mucho de estar con Santi y Pedrenka adentro de la carpa aunque en cualquier otro momento hubiera dicho que tres en una carpa no cabían y me hubiera quejado por un montón de cosas más…a esa altura la montaña ya nos había transformado enseñándonos a disfrutar de lo simple, sin precisad de lujos totalmente prescindibles.

En un momento, por las ventanitas de la carpa entraron unos rayos de color naranja intenso, que colorearon el ambiente con un tinte particular, todos quedamos asombrados y a pesar del frío que hacía, tentados de salir y ver a qué se debía. Cuando me asomé por el cierre de la carpa, no lo podía creer, era un atardecer increíble; todo el cielo estaba de naranja y violeta.

Luego el sol fue desapareciendo lentamente por el horizonte del océano Pacífico tiñendo las montañas de la cordillera de un naranja tan intenso que modificaba el color siempre blanco de los hielos haciéndolos parecer irreales.

Mientras disfrutaba en la inmensidad de ese momento breve pero tan especial, pensaba en un dicho de mi abuela :“ La Nonina”, una tana de esas a las que la vida les enseñó a vivir… “Rosso di sera buon tempo si spera” -dice ella ante esos espectáculos- pronosticando un día espléndido. Era como si me estuviera hablando ella misma y me contagiaba su optimismo inquebrantable frente a las adversidades de la vida, esto me predispuso mucho mejor para el próximo día, sentía que “ todo el universo estaba conspirando a nuestro favor” , solo nos exigía un poco más de paciencia, superación y entrega.

La noche fue de terror. Pasamos varias horas derritiendo agua para llenar los termos que íbamos vaciando para hidratarnos, el calentador no paraba…. Toda la noche sopló un viento fuertísimo que llevó las carpas a su límite de aguante. A causa de eso, el grupo no durmió bien, así que al día siguiente, no madrugamos.


Día 9, 10 y 11 (martes 10, miércoles 11 y jueves 12): La previa y LA CUMBRE.

Amanecimos bien, aunque algunos un poco edemados[10], con la cara y el cuerpo hinchados debido a la altura , otros un poco asustados por el fuerte viento que había soplado durante toda la noche.

Después de desayunar dentro de la carpa, salimos a reconocer el campamento y disfrutar del espléndido paisaje que se veía a esa altura, bastante parecido al de la cumbre, ya que la altura del resto de las montañas en la cordillera es menor que la de este “monstruo de piedra” que nos desafiaba tanto. Desde allí, mirando al cerro Aconcagua de frente -ya muy cerca aunque faltaba aún una larga jornada para llegar a la cumbre- en una monumental panorámica de 180º, veíamos a la derecha Chile y a la izquierda la Argentina.

Luego del mediodía, decidimos reprogramar nuestro ataque a la cumbre y partir al día siguiente a las tres de la mañana. De este modo, quedaba descartada la alternativa de subir esa misma tarde a Berlín (6100 msnm) durmiendo allí, lo que hubiera acortado la jornada de ataque a la cumbre, pero no nos hubiera permitido descansar bien pues arriba de los 6000 metros de altura es imposible lograrlo, el cuerpo no se recupera adecuadamente y genera un excesivo consumo. Alrededor de las tres de la tarde cada grupo “se internó”en su carpa para descansar, concentrarse, y preparar durante las siguientes doce horas todos los detalles del inminente ataque a la cumbre.

Fue muy lindo estar compartiendo esas horas con Santi y Pedrenka, su hermano menor. Con Santi –compañero y amigo durante toda nuestra carrera de Ingeniería Industrial – mil veces habíamos charlado e imaginado este momento -mate por medio- en los recreos de largas jornadas de estudio; nunca habíamos imaginado una experiencia tan fuerte y rica como la que vivimos. Me llenaba de emoción ver a Pedrenka el “hermanito de Santi” que conocí cuando estudiábamos en lo de los Luque, convertido en un “hombre de 14 años”, un par, un compañero de carpa y un hermano más ; el pendejo tomaba decisiones, opinaba fuerte en las reuniones y hacía notar su lugar en el equipo. ¡Grande Pedrenka!

Así pasaron las horas, unas durmiendo, otras mateando charlando o comiendo y mientras, derritiendo hielo para hidratarnos durante la jornada de ataque a la cumbre y alistando el equipo para el partido final.

Era muy lindo ver cómo instintivamente funcionábamos como equipo, hallando cada uno la tarea a su medida y realizándola perfectamente bien y disfrutando de lo que cada uno hacía.
La noche, por suerte fue muy tranquila, hablamos de un montón de cosas menos que de la cumbre, estábamos realmente disfrutando el momento y viviendo el presente.

Inevitablemente cuando empezamos abrigarnos para retomar el ascenso, se nos vinieron todos los nervios y miedos de golpe y lo que habíamos calculado que demoraría media hora nos llevó bastante más, …Carly- nuestro líder- ya estaba listo y nos esperaba afuera… Aún no habíamos logrado derretir la cantidad de hielo suficiente para hidratarnos durante la larga jornada que nos esperaba. Pero bueno, agarramos coraje y salimos. ..

Carly nos dio una charla similar las que nos daban antes de entrar a la cancha los entrenadores de rugby. Todos abrazados formando una ronda: nos iba motivando con razones por las cuales jugar a full ese último partido y dejar todo en la cancha ese día. Esto no significaba llegar a la cumbre cueste lo que cueste, sino dar nuestro mejor esfuerzo evitando caer en la mediocridad. Y así fue salimos excitados “mal”, y en los primeros cinco pasos, la montaña nos recordó que nos encontrábamos a 5400 msnm y que no podíamos hacernos los locos, que la altura exige paciencia y que todo se logra paso a paso allá arriba, disfrutando y viviendo “a full”cada segundo.
Era unos de esos días en los que uno no se quiere perder de nada, todo lo vive a pleno (…como creo todos nuestros días deberían ser). Me sorprende lo “sabia”que es la montaña, cómo logra en tan breve tiempo enseñarnos y hacernos madurar aspectos que nos llevaría una vida entera aprender en el bajo…

Esa jornada fue muy distinta de todas las otras; pues cuando comenzamos a caminar, todavía era de noche y hacía muchísimo frío. Sin la luz del sol no distinguíamos claramente la senda, nos orientaba ver a los otros grupos saliendo de sus carpas con las lucecitas de las linternas en sus cabezas; parecían procesiones de velitas subiendo lentamente por la montaña…
Carloncho – que desde el inicio venía marcando el paso y el ritmo del grupo- estaba muy nervioso debido al congelamiento que estaba sufriendo en sus manos; nos dijo que él ya había vivido su cumbre al ver a “sus 14 hijos”(los verdaderos y nosotros) conformar un equipo con un fuerte espíritu de familia, que contagiábamos a cada paso que dábamos. Veíamos y decidió, -junto con Andrés que presentaba los mismos síntomas- volver a Nido de Cóndores.

Me resistía a aceptar que las situaciones con que nos desafiaba la montaña, lo habían superado y paralizado y cómo a él que nos había marcado el ritmo durante toda la expedición, sus nervios y miedos lo habían podido dominar. Para el grupo ésta fue una gran baja, pero lo mismo decidimos continuar.

Me toco a mi por primera vez, marcar el paso del grupo… Las horas de caminata durante la noche fueron realmente duras, porque hacía muchísimo frío, si no te movías, los dedos de las manos y de los pies, recomenzaban a congelar. No veíamos la hora de que se hiciera de día y el sol comenzara a transmitirnos su calorcito.

Fue después de Berlín, -en un lugar soñado, que me imagino debe ser parecido a estar caminando en la luna-, cuando se comenzaron a sentir por fin los primeros rayos del sol!!!
Me resulta difícil describir con palabras la imagen que apareció: de a poco se iban apagando las luces de Santiago de Chile y el sol iba como pintando las montañas con sus rayos, los usaba como si fueran pinceles.

En ese momento me olvidè del frìo y del cansancio, y el padecimiento por el duro ascenso se transformó en plena felicidad. Me asombraba por todo lo que veía a cada paso, me salían gritos de emoción y les decía a los chicos, “miren, dónde estamos, disfruten el paisaje para olvidarse del cansancio”.

En este estado de “loca fascinación”comencè a hablar con la montaña mientras detrás de mis antiparras lloraba por la enorme emoción. Yo le decía a la montaña “Por favor sabia maestra, abrinos tus puertas y déjanos entrar en tu mundo, abrinos y déjanos sentir los latidos de tu corazón, tu esencia”.ÉSA FUE PARA MI LA VERDADERA CUMBRE, la mas profunda y emocionante. No paraba de caminar y seguía llorando de la felicidad mientras pensaba por qué no vivir allí…si allí sentía tanta felicidad como pocas veces en el bajo, Allí me sentía puro, libre de contaminación y verdadera y simplemente: YO.

Pedrenka venía atrás mío sufriendo el congelamiento de sus manos. Entonces yo intentando motivarlo le decía que tratara de hablar con la montaña, que ella ya nos tenía un lugar en la cima, sólo faltaba un esfuerzo más. Creo que esas palabras y el aliento de los otros lo ayudaron a superarse y seguir adelante.

Luego entramos en el Portezuelo de los vientos, donde “ella” había encomendado al Dios de los vientos que sople en nuestro favor para aligerar nuestra marcha. Aunque por momentos las ráfagas eran tan fuertes que nos sacaban de la senda.

Cuando llegamos al refugio Independencia, lo vi muy mal a “el Abuelo”; estaba vomitando, eso me preocupó mucho. Le pregunté si se sentía bien para seguir, a lo que me respondió que si - en la reflexión a la vuelta de la cumbre confesó que no tenía otra cosa en la cabeza que la cumbre…

A partir de allí toda mi euforia comenzó a revertirse, se hacía más intenso el cansancio, las quejas del grupo; las paradas eran cada vez más frecuentes y lo más grave: se nos estaba agotando el agua y jugos que habíamos aprovisionado para hidratarnos.

Cuando llegamos al pie de la Canaleta… eran alrededor de las dos de la tarde. Yo ya un poco preocupado porque los guarda parques nos habían aconsejado comenzar nuestro descenso a las tres de la tarde y un caminante del que nos habíamos hecho amigos nos dijo que desde donde estábamos nos quedaban de 2 a 3 horas para recorrer lo últimos 300 metros en altura siguiendo un ritmo en el que había que dar seis paso muy lentos y firmes y detenerse a tomar aire. Yo, un poco descreído de este “exagerado ritmo”y otro poco por ver la cumbre tan de cerca, comencé a andar por la canaleta a un ritmo más rápido; a los pocos metros no pude seguir, tuve que guardar mi ansiedad y adecuarme al paso lento y pausado.

Se hacía difícil seguir porque era necesario estar concentrado y físicamente, estábamos cansados, deshidratados y asqueados de comer barritas de cereales y hueles de glucosa…ya llevábamos unas diez horas y media de caminata.

Todo se complicó cuando vimos al Grupo de Rescate de la montaña, cómo bajaban rodando cuesta abajo al cuerpo del catalán de 30 años que había sufrido un paro cardíaco a pocos metros de la Cumbre el día anterior…

Ver esto me hizo pensar un millón de veces antes de dar cada paso…si era realmente necesario seguir subiendo siendo que emocionalmente ya había vivido mi cumbre y como el paisaje era prácticamente el mismo; ver lo que se veía desde allí o desde la cumbre…Creo que ya no lo estaba disfrutando. Sentía que mi salud corría peligro, y aprendí a valorarla muchísimo desde que me diagnosticaron Diabetes.

No sé realmente qué me hizo seguir, si el desafío de logra por fin algo en lo que puse tanta pasión, o el hecho que me había tocado ser el que lideraba el grupo ese día y ver que el Equipo estaba fusilado y les daba ánimo y fuerza ver a alguien adelante. Pensaba también en Carly, el líder del equipo y en todo lo que significaba para él ver que la expedición que había soñado y preparado tanto tiempo se cerraba con el broche de oro de La Cumbre .

Saqué fuerzas de donde no tenía y seguí adelante con Tomy L. atrás mío. En un momento me dijo: “-Bumbula, prometéme que vamos a llegar-”y yo asentí pero le dije que todavía debíamos caminar duro.

Saliendo de la Canaleta, muy cerquita de la Cumbre, en la recta final se encuentra lo que llaman “El Filo del Guanaco”allí Tomy L. me dice “-Bumbula , mirá para atrás-”. Cuando me dí vuelta y vi la imponente PARED SUR, la ruta que suben los expertos escaladores en cuatro días en lo que tienen que dormir colgados de la roca, a pesar de mi enorme cansancio, me emocioné profundamente.

Finalmente, a las 15.30 hs llegamos a la cumbre con Tomy L. : conquistamos la cima de América. Sinceramente, más que eufórico, llegué muy mal a la cumbre, sintiendo el cuerpo flojo y suelto, me dolía la cabeza y preocupado por mi deshidratación pues en la última hora había sólo tragado un poco de hielo de un glaciar. Comencé a pedir a la gente que también había llegado si me convidaban algo para tomar; me convidaron jugo y café que me vinieron muy bien para reponerme. Así comencé a disfrutar un poco de la Cumbre, pero ahora me preocupaba l apoca energía que me quedaba para enfrentar toda la bajada.

Es difícil imaginarlo desde acá abajo, pero allá arriba, a veces lo único que importa es lo imprescindible para vivir, entonces no me importaba si bajábamos y no podía sacarme una foto en la cumbre porque lo que me interesaba más volver sano y salvo a Nido de Cóndores.
Para Tomy era importantísimo esperar a que llegaran sus hermanos y compartir ese lugar y ese momento con ellos.

Alrededor de las 16.30 llegaron el Tata, James, el Abuelo, Fran y Javi. Ellos nos contaron que en el Filo del Guanaco, los guarda parques vieron tropezar a Pedrenka y les aconsejaron bajar, entonces Santi y Carly, en un gran acto de solidaridad y priorizando una vez más el espíritu familiar, resignaron la cumbre para acompañar a su hermano menor a regresas.

Cuenta Carly “un maestro” de verdad y el líder del equipo:… “la patrulla de rescate que subía y bajaba pasó por el lado de Pedro y lo vio tropezarse, le dijeron que tenía que bajar. Pedro siguió y desde unos pasos más abajo la gente de la patrulla gritó: “El chiquito del gorro amarillo, por Pedro, debe bajar con un mayor inmediatamente”, estábamos a 20 metros del filo del guanaco y con Santi nos miramos y dijimos “yo bajo”. Saqué una última foto y registré en el GPS 6856 metros de altura y bajamos los tres. Le di a Franco un collar del mono[11] y el mío y a Hernán lo abracé y le dije que debían seguir y hacer cumbre por el grupo”.

El Abuelo y Fran, llegaron fusilados arriba, vomitaban y estaban muy mareados. James lloraba de felicidad y Tata disfrutaba del momento y disimulaba su cansancio con su espíritu siempre positivo. Después de una linda sesión de fotos y de haber asentado nuestros datos de cumbre en un libro que está al lado de la cruz, lleno de recuerdos y souvenir es donde dejé las fotos de mi tío y de mi abuelo; muy emocionados y también preocupados por el tramo que faltaba, emprendimos nuestro descenso.

Al Abuelo, había que llevarlo con alguien delante y otro detrás como a una persona borracha porque no se podía sostener por sí solo.
Nos comunicamos por los Handys con los de Nido de Cóndores y con los chicos que estaban en Plaza de mulas, para informarles de la situación y de que muy probablemente llegaríamos de noche.

Como yo me encontraba mejor, decidimos que fuera bajando solo para buscar apoyo; volví por la canaleta, preocupado y muy cansado, pensaba que llegaríamos de noche, no nos quedaba comida ni bebida, salvo cuatro barritas de coco que no me aportaban mucha energía porque las digería casi instantáneamente. La bajada de la canaleta fue más rápida que la subida, pero implicaba un gran esfuerzo de equilibrio, pensando muy bien a cada paso pues se corría el riesgo de tropezar y rodar montaña abajo.

Al terminar esta etapa, trabada y exigente, comencé a bajar rápidamente por un acarreo de piedra suelta, era como ir esquiando porque a cada paso se me enterraba la mitad de la pantorrilla y se amortiguaba la bajada. Esto significaba un descanso para las rodillas pro una sobre exigencia para los muslos.

Al poco rato me encontré con Carly, Pedrenka y Santi, los tres hermanos Luque que habían debido resignar su cumbre. Fue algo gracioso, ellos venían muy cansados y estaban alucinando, veían rostros en las piedras y a la gente se la confundían con “monstruitos”, así fue como los llamó Pedrenka; comentaban y se reían entre ellos sobre sus alucinaciones. Sumado a esto, cuando se tiraban a descansar se quedaban completamente dormidos.

Mi ignorancia sobre estos síntomas, mi afán por llegar para informar de la situación de los que venían atrás, y mi instinto de supervivencia me hicieron continuar luego de preguntarles si se encontraban en condiciones de seguir.

Ahora que lo analizo en frío, no tendría que haberlos dejado solos, pero en el momento necesitaba llegar y estar a salvo. No sé si esta actitud de supervivencia es buena o mala, pero es: es el hecho de qué parámetros uno tiene que priorizar , es como que primero tiene que estar bien uno para después sí, poder ayudar a los otros.

Seguí bajando y me acoplé a unos extranjeros que venían bajando a buen ritmo, por momentos no podía más.; en un momento los vi que se echaban a descansar, hice lo mismo pero cuando me di cuenta y vi el reloj, ya había pasado como 20 minutos y los extranjeros ya se habían ido. El susto me dio nuevamente fuerzas para no volver a sentarme y seguir aunque sea gateando; sabia que si paraba, me iba a costar mucho más continuar.

En un momento casi me equivoco de ruta y en vez de ir a Berlín, casi bajo a Calera, otro campamento que se alejaba de mi ruta. Cuando pasé por Berlín podría haber parado a pedir algo para hidratarme y comer, pero mi voluntad de mantener el ritmo y llegar antes que anochezca, me hizo seguir. Sentía que cuando me detuviera no iba a poder seguir más; necesitaba llegar a dormir en mi carpa de nido de Cóndores. Existía la posibilidad de tomármelo con más calma pero mi modo de ser y de encarar mis cosas no me lo permitieron.

Finalmente, después de unas doce horas de ascenso y tres horas y media de descenso, llegué a Nido de Cóndores totalmente deshidratado y perdido. Me veía a mí mismo como un hombre perdido, deshidratado y extenuado por el cansancio, caminando por el desierto cuando llega a un Oasis.

Apenas llegué, Carloncho, Andrés y Ricardo-nuestro amable vecino de carpa-, derritieron hielo, lo mezclaron con unas sales y me hidrataron inmediatamente. Yo, mientras, informaba a Carloncho sobre la situación diciéndole que el grupo que había resignado la cumbre, venía bajando a unos 45 minutos según mi cálculo: estaba totalmente equivocado, no me calculé que estaban mal y no podrían haber avanzado a buen ritmo.. Después de hidratar, me cambié la ropa mojada, ingerí un desayuno “puloi” hidratado con agua fría –muy feo pero en mi desesperación por recomponer la energía de mi cuerpo fue lo primero que tenía a mano- y me metí a la bolsa tratando de dormir; me costó porque me dolía todo, me hacía frío y estaba muy preocupado por los que no habían llegado aún.

Esa noche fue muy larga y estresante para Carloncho: alrededor de las once de la noche llegaron los cinco que habían hecho cumbre conmigo; habían bajado por “El gran Acarreo”, un atajo que no conocíamos. Estaban en Nido de Cóndores hacía ya una hora pero su gran agotamiento físico y mental les impedía encontrar nuestras carpas. Contaron que en su descenso por el Acarreo, Javi, que venía un tanto más retrasado, no respondía el llamado de los otros y cuando el grupo volvió a buscarlo, se encontró con Javi dormido en medio del sendero. Cuando lo despertaron , él se rehusaba a levantarse y quería seguir durmiendo en ese lugar, ya que sus fuerzas se habían agotado y su cuerpo necesitaba descansar. La Tata cuenta que le decía: “- Javi, si te quedás dormido acá te vas a morir congelado-“, a lo que él respondió “-No me importa, no doy más, me quiero quedar acá-“ .Por sueste los chicos, gracias a su experiencia en la montaña, siguieron insistiéndole y no lo dejaron quedarse allí.

Entretanto Carloncho, a las 12 de la noche, sin noticias sobre tres de sus hijos que se encontrarían en algún lugar de la montaña entre la Cumbre y Nido de Cóndores, apagó el handy y se metió adentro de la carpa pensando que sus hijos al haber llegado a Berlín de noche, dormirían allí hasta que aclare para continuar el descenso…y realmente así fue.

Tomy Z., Jere, la Pancha y los porteadores y algunos guarda parques intentaban descifrar dónde estarían los tres hermanos. Uno de los porteadores: Juan, se ofreció voluntaria y gratuitamente a subir a buscarlos, actitud a la que se acoplaron los otros porteadores. Se había generado un clima muy solidario en la carpa de Geotrek, en Plaza de mulas. Gracias a Dios, a las 12.30 d en la noche, recibieron la noticia de que estaban en Berlín, descansando sanos y salvos: después de haber sido escoltados por un grupo de españoles hasta Berlín.

Carloncho, sin saber la noticia de que sus tres hijos estaban a salvo, se levantó cerca de las ocho de la mañana del jueves y alcanzó a ver a sus tres hijos bajando por la ladera de la montaña.
Al rato, cuando llegaron, yo ya estaba despierto, nos abrazamos y festejamos su arribo…de a poco íbamos entendiendo todo lo que habíamos vivido en esa misteriosa montaña…proceso que aún sigo realizando…

Esa misma noche en Plaza de Mulas decidimos festejar, así que encargamos una ronda de Pizzas en la carpa de GeoTrek, donde realizamos la reflexión grupal. Esta fue muy fuerte y profunda para todos, hasta para Ricardo (de Uspallata) y Juan (el porteador) que se nos unieron esa noche. En la misma se toco muy a fondo el tema de las cumbres personales.

Las “Cumbres personales”:

Siete fuimos los que alcanzamos físicamente la Cumbre del Cerro Aconcagua el 11 de enero pero cada uno vivió su propia cumbre y se llevó como recuerdo para toda la vida las imborrables enseñanzas de esta preciada y exigente maestra…”Aquí van algunos testimonios .

Santi: “asumir un gran desafío junto a mi familia (hermanos, papa y
primos) y amigos muy cercanos.

Carly: “para vivir una experiencia limite de equipo en un espíritu Familiar (hermanos y amigos) de entrega y superación personal.”

Tata: “Como lo dije siempre en las reuniones, mi motivación principal que me hace dedicarle mis 15 días de vacaciones a esta expedición es buscar una experiencia de equipo fuerte y especialmente una experiencia de Familia.”

Bumbula: “Tenía ganas de compartir una aventura extrema con Santi y su familia inmerso en la naturaleza, donde me siento verdaderamente y simplemente yo”. “También pude superar todos mis temores a las reacciones de mi cuerpo en la montaña”.


Testimonio de Cumbre 11/01/2006
PER ASPERA AD ASTRA

Dedicado:
A Nuestras Familias. Al Mono, Ale y Pancho en especial.
A Nico San Millán
A las novias
A Mama en especial por apoyar siempre las locuras de su marido y de sus hijos. Y a Maria por seguir su ejemplo.
A los que luchan por la vida
A José Emilio Buttigliengo y a Atilio Mario Neme (abuelo y tío de Bumbula respectivamente).
A todos los que nos tratan de irresponsables y no saben lo que es vivir la vida y disfrutarla con locura.
A Huayna.

Esta Cumbre se logró con un fuerte trabajo de equipo, no todos llegaron a esta cruz, pero todos dejaron su vida por lograr “NUESTRA CRUZ” que en esencia nos identifica y que es estar juntos, dejando lindos recuerdos y cambiando el mundo que nos rodea, dando un testimonio de vida en Cristo y unidos a María.


Día 12 (viernes 13): El descenso.

Pasamos la mañana muy distendida, entre fotos, sociales y armada de mochilas.
Nos levantamos con el tema de preparar las cosas y tratar de que las mulas del ejército se lleven todo, carpas y mochilas, y no pagar nada en compensación, a causa de los daños ocasionados a nuestro equipo a la ida.

Algunos se hicieron los controles médicos para sacarse la duda de cómo era el estado del organismo después de haber estado a casi 7000 msnm, todos los controles dieron excelentes.
Nos comunicamos por radio con Vergara quien nos dijo que tenía 5 mulas disponibles para nosotros. Las cargamos a todas.

Geotrek nos ofreció un cafecito a todos como despedida. Pablo, con quien habíamos tenido contacto en nuestro viaje a plaza de mulas, nos recibió muy bien, el había llegado cuando nosotros estábamos arriba. Hicimos el check out de Plaza de mulas en GP y fotos de despedida de este lugar soñado. Comenzamos el descenso a las 13 hs.

En Piedra Ibáñez, a unas dos horas de Plaza de Mulas, conocimos a Mario Escobar productor de radio y TV en Tucumán que nos hizo un reportaje sobre nuestra experiencia.

Esta fue una caminata muy disfrutada por las largas charlas de balances y comentarios positivos de la gran experiencia vivida. Yo charlé mucho con Jere, con lo que se me hizo mas ameno el viaje, luego termine caminando junto al Duende Carloncho, el cual tenia un paso rápido que hasta a mi me cansaba, se le veía en la cara las ganas de llegar y la felicidad por haber realizado su cumbre yo iba disfrutando cada vista y paisaje de la hermosa quebrada por donde bajábamos, cerca del puente que fabricaron para la filmación de la película Siete años en el Tibet, estaba muy contento. Mientras pensaba, la cabeza me comenzó a hacer un “clic”, me di cuenta que no es importante la actividad en sí sino ese espíritu de “grupo”, de “familia” que la sustenta. El haber llegado a esta conclusión y haber llegado bien física y anímicamente, pasando por la hermosa y pacifica laguna de Horcones me hizo sentir feliz, una felicidad más completa que la de haber hecho cumbre, ya no estaba preocupado porque si no bajábamos, nos podía agarrar la noche y morirnos congelados, desde un lugar hostil y adverso, estaba dándome cuenta de todas las cumbres que había ido logrando en ese ascenso. En cuanto llegué, lo abracé al flaco Hernán que había hecho todo corriendo, en 5 horas…nosotros lo hicimos en 6. Los últimos fueron Santi y Carly que llegaron a las 20 hs.

Los que primero llegamos fuimos en a buscar los autos para buscar al resto y deleitarnos con exquisitos sándwiches y papas con gaseosa de un bar al frente del regimiento. Después devolvimos los equipos y fuimos a hablar con el mulero para arreglar el pago de las mulas de vuelta. Larga negociación, en la que finalmente también participo Hernán con un gran peso a nuestro favor y cerramos que todas las mulas utilizadas compensaban los daños ocasionados y no debimos pagar.

A los daños de la ida, se sumaron los de vuelta. Las mulas de vuelta se desarmaron en reiteradas oportunidades y también rompieron cosas. La carpa de Carly fue una de las grandes bajas, si bien no la destruyó, la rompió en varios lugares y de la bolsa para guardarla no quedo nada.
En los autos partimos para Uspallata donde Peter había reservado ya una parrilla para el festejo y posterior dormida en el Hostel de Uspallata. Gran festejo pero con una baja ya que Tomy Z. se había ido con sus padres que lo estaban esperando en el Hotel para comer.

Al llegar al hotel de….todavía llamábamos la atención, las caras y las manos con algunas cicatrices, algunos aún sin bañar y todos muy eufóricos.


Día 13 (sábado 14): El regreso.

Descansamos muy bien el en Hostel, aunque algunos no pudimos darnos la ducha calentita que tanto anhelábamos, por que el agua no alcanzó para todos.

Después del desayuno donde con gran amabilidad, una bella alemana nos sirvió un pedazo de sabrosa sandía, con Carly y Javier, emprendimos un largo pero muy agradable viaje a Buenos Aires donde llegamos a las 21.45 hs después de casi 13 horas en el auto.

Fin de la nota


Notas al pie
[1] En cuanto a su nombre hay varias hipótesis, la presencia de diferentes lenguas indígenas genera diversas suposiciones y si bien la aceptada es Ackon- Cahuac que en lengua Quechua significa Centinela de Piedra, parece no haber sido un caso resuelto, sobre todo para el filólogo C. D. Gregorio y el Dr. W. Schiller que negarían esta versión y propondrían la lengua Aymará como la madre de este nombre, la existencia de dos vocablos Acon y Cagua que significan nevó y monte respectivamente sería la traducción acertada. La situación del nombre sería la traducción Monte Nevado. De estas dos, la mas reconocida es la primera, la de los quechua.
[2] Miembro del Equipo que nos cuenta su primera experiencia de ascenso al Aconcagua.
[3] Per aspera ad astra: del latín, Por el camino difícil, a las Estrellas.
[4] Metros sobre el nivel del mar.
[5] La sensación de temor y nervios era similar a la de antes de entrar a una cancha de rugby cuando jugaba un partido importante para el cual me había preparado mucho.
[6] Este “Diario de viaje está armado en base a los relatos de Martín “Bumbula” y de Carly – el Lider del equipo- acerca de las experiencias del grupo en “La sabia montaña”
[7] A base de cereales tipo granola, avena y pasas de uva, muy calórico.
[8] Trasladar todos los elementos necesarios para acampar, de un punto a otro de la montaña.
[9] Montañista de San Nicolás que se unió a nosotros, en Plaza de Mulas, atraído por el espíritu de familia que se vivía en el grupo.
[10] Comienza a hincharse la cara y el resto del cuerpo, lo que puede terminar en un edema cerebral o pulmonar.
[11] Cuñado de Carly que participó de la expedición Aconcagua 2004 y no pudo estar en esta.